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Curaduría de Contenidos II: un aporte desde la vivencia

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Mis domingos en Barcelona han sido destinados a recorrer museos. Desde el Museu Picaso hasta el Museu de la Xocolota he visitado unos diez diferentes espacios destinados a exponer obras.

La mayoría de ellos, incluídos los dos mencionados, parecerían decir “mirame”. En su versión más tradicional, se exponen pinturas, fotografías, esculturas o piezas de chocolate acompañadas, a corta distancia, por pequeños carteles que ofrecen alguna información sobre las obras: nombre, fechas, técnicas de realización y, ocasionalmente, alguna descripción de la obra. Algunos de ellos, los menos, ofrecen actividades para el público de las que se puede participar independientemente de las exposiciones visitadas. Por ejemplo en el Museu de la Xocolata se puede hacer un taller de pastelería en chocolate que tiene un costo cuatro veces mayor al de la entrada en general.

Pero en mi derrotero catalán quisiera contarles hoy dos experiencias diferentes, las visitas al Museu Tèxtil i d’indumentària, más específicamente a su colección El cuerpo vestido y La Virreina Centro de la imagen con la exposición Número Tres. De la casa a la fábrica.

El museo textil y de indumentaria se encuentra en el segundo piso del Palacio Real de Pedralbes. Lo primero que uno encuentra, al acceder al inicio de la exposición es una pared vidriada, en opalina, sobre la que está grabada, en catalán, español e inglés la siguiente frase “El caballero y el cortesano: el vestido comprime el cuerpo”. Detrás del vidrio, una especie de gran góndola central, de color azul oscuro, con una cantidad considerable de texto y algunas fotografías dispuestas a modo de infografía, con el texto claramente como modo semiótico preponderante. Además, un gran número uno indica el inicio del recorrido. Llama la atención no ver nada más que ese panel.

Comienzo el recorrido que la infografía me propone cuya organización es histórica. La pared de opalina me hace intuir la construcción de una secuencia, posiblemente habrá otras puertas con otras frases que actúen como introducción o separador en la muestra. Pero además me invita a pensar que el curador de esta muestra quiso mostrar un clima de época a través del cruce de las figuras políticas representativas (el cortesano, el caballero), la industria de la moda y la dominación de los cuerpos, al mejor estilo foucaultiano.

Efectivamente, a lo largo del recorrido, van a repetirse las variables mencionadas pero a poco de andar algo me sorprende. Por un juego de espejos, se hace casi imposible ver que, escondidas, están las vitrinas que exponen los trajes característicos de cada modelo de cuerpo representante de un período histórico. En las vitrinas no hay ninguna información más, sólo los trajes. La información está en la góndola central y uno tiene que ir y venir para construir los lazos entre una tipo y otro de información que recorre la historia de los cuerpos desde el siglo XVI hasta la actualidad.

II
El Palu de la Virreina está ubicado en la Rambla de los Catalanes, a pocas calles de la Plaza de Catalunya. Es, a diferencia del Palacio Real, un castillo medieval con una estructura austera. Lejos del contraste, las gigantografías en blanco y negro que cuelgan de sus arcos parecen haber estado siempre allí. La sala del primer piso donde se desarrolla la muestra me aisla del entorno desde el primer momento, sus salas blancas y despojadas podrían ser las de cualquier museo de fotografía del mundo. Sólo sus techos me recuerdan que es un castillo y que estoy en Barcelona.

La muestra que se presenta fue diseñada como una instalación que continúa la película de Jean-Luc Godar, Número dos. En el film el autor explora los vínculos entre la casa y la fábrica y cómo impacta un modelo de organización social del trabajo en las percepciones y vivencias de la vida cotidiana. En esta instalación, “Número tres”, los curadores se plantean la misma relación pero en un contexto de globalización económica.

Les mencionaba las paredes blancas, que se reproducen en todas las salas de la instalación y que son, a veces, interrumpidas por una fotografía o un enunciado siempre manteniendo el contraste blanco y negro. Lo primero que me encuentro es la siguiente frase:
 

“Al principio había esto: un paisaje, y dentro han colocado una fábrica.

   A principio había esto: una fábrica, y alrededor han colocado el paisaje”

Nada más. Las tres paredes de la misma sala están completamente vacías. No hay ninguna referencia al autor de la frase o a su contexto, o al porqué de la frase inaugural. Pero, claro, a mí me invita, de alguna manera me anticipa que lo que voy a ver allí, me llevará a preguntarme por la relación entre centro y periferia, ¿quién define a quién?

A lo largo de las salas se repetirá el esquema: una foto, un proyector que pasa imágenes en diapositivas automáticamente, una sala completamente oscura donde se proyecta un film, y ninguna referencia inmediata. Las hay pero hay que salir a buscarlas, están escondidas, detrás de alguna puerta o pared, en un rincón casi imperceptible. Pareciera que lo más importante es lo que provocan en mí esos estímulos: angustia, desazón, risas (uno de los films es totalmente surrealista).

Y entonces llega la obra maestra. Diferente a todas las otras salas me enfrento a la entrada del ”Salón comedor” . Amueblado como un comedor de una familia acomodada, la instalación invita a sentarse. La mesa está puesta pero, en lugar de platos, hay televisores viejos. En ellos se proyectan escenas del film Número dos, inspirador de la muestra, y, mediante auriculares, uno puede escuchar esos fragmentos. En cada ubicación en la mesa se está proyectando un fragmento diferente. Pero además, ubicados en el lugar de las servilletas, hay libros que refieren a la relación entre el cine y la política: Pensar entre imágenes, del mencionado Jean-Luc Godard y Cine contra espectáculo, de Jean-Louis Comolli.

III
Salgo de ambas experiencias inmensamente feliz preguntándome acerca del valor educativo de estos espacios y de la posibilidad de servir de modelos para la creación de materiales didácticos en nuevos formatos. Mientras espero el metro me pregunto ¿podría relatar la información que visualicé en cada una de las experiencias? Es decir, podría brevemente hablar de la historia de la dominación de los cuerpos y su vínculo con la moda y la política o de la compleja relación entre vida cotidiana y globalización económica? Ciertamente que sí. ¿Podría obtener más información si pudiera volver a visitar ambas experiencias?

bsolutamente. ¿Podría enriquecer mi conocimiento sobre el tema si, además, buscara información adicional sobre el mismo? ¡Lógico! ¿Podría responder alguna pregunta o escribir una monografía o un texto dando cuenta de lo que aprendí? ¡También!

Las experiencias que les relaté no son materiales didácticos, no fueron construidos específicamente para que alguien aprenda algo. Pero pueden ser buenos modelos de múltiples formas de construcción de materiales que, ofreciendo las mismas características que los tradicionales, permitan además construir nuevos y subjetivos aprendizajes y visiones del mundo.

Quién sabe, incluso puede a alguien darle ganas de escribir un artículo para un blog.

 

En la fotografía, la autora en la entrada del Palau Real, en Barcelona.

Este artículo es una continuación de: Odetti, Valeria. Curaduría de contenidos: límites y posibilidades de la metáfora (2012). Disponible en: http://www.pent.org.ar/institucional/publicaciones/curaduria-contenidos-limites-posibilidades-metafora

 

Ficha / Cómo citar este artículo: 

Odetti, Valeria. Curaduría de Contenidos II: un aporte desde la vivencia (2012).
Disponible en: 
http://www.pent.org.ar/institucional/publicaciones/

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El texto de 'Curaduría de Contenidos II: un aporte desde la vivencia' de Valeria Odetti se encuentra bajo licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
Trabajo disponible en:
http://www.pent.org.ar/publicaciones/curaduria-contenidos-ii-un-aporte-vivencia.